DILEMA ÉTICO


FORO DE DISCUSIÓN


Envíenos sus Dilemas Éticos




Código de Ética y Privacidad

DILEMAS DE LA PRÁCTICA MÉDICA
¿Qué hacer?
Número 1

En ocasiones los médicos, así como otros trabajadores de la salud, nos vemos en situaciones donde sólo la conciencia clara y el conocimiento de la importancia de los Valores Humanos en la Práctica Médica , nos permiten alcanzar soluciones satisfactorias. Otras veces las soluciones no son tan satisfactorias y puede ser que, después de haber tomado una decisión, pensemos que tal vez otra hubiera sido mejor. Hoy traemos a discusión tres casos que tienen un denominador común: lo difícil de decidir qué hacer en cada uno de ellos. Son casos reales que me han acontecido en mi trabajo como médico asistencial y que me han hecho tomar caminos que -en cada uno- he pensado que es el mejor. Lean y decidan.

Caso 1

Corría el año 1983; un paciente de 45 años de edad ingresó en el servicio de Medicina con el diagnóstico de derrame pleural de mediana cuantía en el pulmón derecho. Se trataba de un hombre, fumador, divorciado, que vivía solo, con un estilo de vida algo irregular. El primer diagnostico fue de tuberculosis pleural; se le puso tratamiento con antibióticos y no mejoró, se discutió en el colectivo y se decidió comenzar tratamiento con medicamentos específicos antituberculosos, fuera del Programa, con lo cual tuvo mejoría clínica y radiológica. Se egresó para tratamiento ambulatorio. Un mes más tarde regresó con fiebre y dificultad respiratoria; la clínica y la radiología mostraban una neumonía del lóbulo inferior del pulmón derecho, pero las características radiológicas me hicieron pensar en una neumonía por retención y le indiqué broncoscopia. El resultado fue un tumor de bronquio principal de pulmón derecho que ocluía parcialmente la luz, pero a menos de 2 cm de la bifurcación traqueal. Inoperable. Conocía a la familia y les propuse dar a conocer el diagnóstico al paciente; ellos se opusieron, me plantearon que él les había dicho que si tenía un cáncer se suicidaba. Insistí y me dijeron categóricamente que no. Le informé al paciente que se trataba de un tumor benigno que no podía ser operado, pero que un tratamiento a largo plazo podía ser beneficioso. Les dejo el final para el mes próximo.


Caso 2

A inicios de los años 90, un viejo profesor de una especialidad médica, hombre muy inteligente, de gran prestigio y larga vida profesional, miembro de varias Sociedades Científicas nacionales y de la Asociación Norteamericana de su especialidad, fumador, ateo convencido, enfermó de un proceso respiratorio agudo en el curso de una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica. Me unían a él relaciones de relativa amistad e intereses culturales comunes, a pesar de no haber sido su alumno nunca. Él pidió que yo fuera el médico que lo asistiera. Fue a planteármelo un distinguido y famoso profesor de su misma especialidad. Por las características clínicas sospeché una neoplasia de pulmón, las radiografías mostraban signos de EPOC y algunas lesiones inflamatorias. Le realizamos una TAC y el resultado fue un tumor infiltrante de cierto tamaño. Insistí en la necesidad de decírselo y la familia, los médicos que lo rodeaban y los directivos de salud, me prohibieron expresamente hacerlo; molesto, pensando que un hombre de esas características no merecía ser engañado, me hice el firme propósito de darle un diagnóstico de benignidad pero, si él insistía, contarle la realidad. Cuando le dije; “Profesor, la TAC muestra sólo bronquiectasias infectadas”, lo aceptó con rapidez y alegría, lo que me hizo pensar que yo estaba equivocado, él quería ser engañado.


Caso 3


Unos años después del anterior, a principios de los 90 también, una vieja amiga, no relacionada con el sector de la salud, pero madre de un paciente del que fui el médico de asistencia durante 14 años, hasta su muerte, fumadora y con antecedentes de una neoplasia ginecológica -de la que curó gracias a la cirugía precoz, cosa que ella sabía-, enfermó de un cuadro sugestivo de enfermedad del colon. Se realizaron estudios y la posibilidad de una neoplasia era muy real. Me pidió que si era maligno se lo dijera: no quería ser engañada; pero la familia -dentro de ella médicos-, me prohibieron darle el resultado cuando se operara. Ella insistía en no querer ser engañada y me vi en una situación difícil, no sabiendo que hacer, opté por la amistad y por no violar la prohibición, al mismo tiempo. Le dije: “No voy a poder decirte la verdad, porque tu familia me lo prohíbe; pero si después de la operación te dicen que no hay problema y puedes ir para la casa ya sabes que era benigno; en cambio, si te hablan de unos sueros de vitaminas para fortalecerte, ya sabes que es maligno” Cuando llegó el resultado de la biopsia, una semana después de una operación exitosa, le plantearon ponerse los sueros y ella dijo que ya sabía que era maligno, porque yo se lo había explicado. La familia se molestó y algunos fueron a verme; les expliqué el subterfugio empleado por mí antes de la operación y, aunque incómodos por ello, tuvieron que reconocer que yo no le había dado el diagnóstico, sino que empleé un método que no les gustó pero que no violó lo acordado: la instruí antes de saber cuál era el diagnóstico.


Tenemos tres situaciones diferentes, pero con elementos similares en algunos aspectos. Lo que sucedió después con cada uno de ellos, es algo que reservo para otro artículo que, con mis comentarios, aparecerá, Dios mediante, próximamente. Ahora queda saber qué opinan ustedes de estos casos y, sobre todo, cómo responden a la gran pregunta:


Ante un paciente con diagnóstico de cáncer, ¿decirle la verdad o no?

Tienen la palabra. Los esperamos.

Próximamente: Respuesta al presente y nuevo dilema: Testigos de Jehová y transfusión de sangre ¿Qué hacer?

Autor: Dr. Antonio Manuel Padovani Cantón. Médico,
especialista de segundo grado en Medicina Interna.
Profesor Titular. Licenciado en Derecho.

Debate Contácto